No es la primera vez que trato de
escribir este artículo. Siempre, cada vez, pasa algo que me obliga a
reformularlo. Primero, la renuncia de Puiggrós y el ministro Trotta
(el de la off-shore) declarando que no va a haber promoción
automática, y todas las aclaraciones. Después, Acuña y las
escuelas-cíber para chicos porteños pobres y desconectados. Ahora,
escuelas en las plazas y las controversias. Mejor me apuro antes de
que pase algo más...
Va pasando el tiempo. La pandemia
sigue, los casos no bajan (suben mucho en el interior), el
aislamiento continúa y las clases parece que este año no van a
volver. La telescuela ya fracasó y se transformó en no-escuela.
Creo que el daño educativo de toda esta situación es enorme y la
mayoría de los actores sociales lo subestiman... gobierno,
oposición, sindicatos, docentes, alumnos, padres, todos están
cómodos con esta situación y muchos creen que los temas se
recuperan, que la salud vale más, que con computadoras y
conectividad se puede suplir a la escuela física, y afirmaciones de
este tipo. Obviamente no todos los actores que mencioné sostienen
todas estas afirmaciones, pero todos sostienen alguna, o algunas de
ellas.
Antes de seguir, me posiciono. En
general, creo que el aislamiento estuvo bien, aunque no puede ser para siempre,
creo que debieron hacerse más testeos en su momento, y que los que van a marchas
sin tomar recaudos o hacen fiestas o asados son medio boludos. Esa es
mi opinión en general.
En lo educativo, si lo que se da de
contenido en un año se pudiera recuperar al siguiente año la
escuela podría durar la mitad del tiempo, así que no, no se
recupera todo, quizás parcialmente algo pero todo no. Además sobre
todo en secundaria hay materias que al año siguiente no continúan y
los últimos años no tienen año siguiente. Perder el último año,
aunque el alumno pase y se reciba, para un técnico químico (por ejemplo) que
este año no pisó el laboratorio, es grave.
Que la salud vale más es cierto,
aunque también es cierto que el aislamiento no puede ser eterno, y
en algún momento habrá que volver a la escuela presencial. En CABA
y en la provincia de Buenos Aires en algunos municipios, si bien hay
casos, la situación es estable. Con los cuidados del caso ya se
podría ir pensando la vuelta.
Ya se infiere de lo que escribí que
los zoom, el edmodo, los meet, el classroom, los grupos de whatsapp, instagram, facebook y todo lo
que se les ocurra no suplen a la escuela presencial. Son parches y ni
siquiera para todos, para algunos, para los que tienen computadora,
conectividad... y ganas.
Esto último mucho no se dice, es antipático escribir esto, pero la
escuela presencial impone ciertas normas que le dan sentido como institución. No es un ágora del saber donde los interesados asisten de buena gana. La
escuela impone y se impone y muchos se resisten a ella. Un alumno que
deja de asistir es un desertor, un alumno que no cumple sacará bajas
notas y de ser necesario recursará el año. Los alumnos tienen
espacios designados para ellos, tiempos que deben cumplir,
vestimentas que deben usar, conductas permitidas y conductas no
permitidas (los famosos acuerdos institucionales de convivencia). Esto es
una descripción, no digo que todo esto esté bien o no pueda
mejorarse (leer a Foucault es saludable en este punto). Lo cierto es
que si bien es deseable que haya ganas, la escuela presencial tiene
una función social y no puede depender de las ganas... si no hay
ganas la escuela tiene que funcionar igual.
La cuestión es que la telescuela no
cumple con nada de esto, fracasó. Por eso creo que el término
telescuela puede cambiarse por no-escuela.
A estas alturas es más o menos obvio
que en marzo había una pandemia desconocida hasta entonces, y creo
personalmente que el reflejo de suspender las clases presenciales
estuvo bien. También estuvo bien mantener el contacto con los chicos
a través de la telescuela (o no-escuela), aunque colegas a los que
respeto opinan que debió bajarse la persiana hasta el año que viene
y que todos recursen (quizás habría sido mejor y en algún universo
paralelo lo estén probando). Pero todo esto fue en marzo, ya estamos
casi en octubre...
No conozco casos exitosos de
telescuela, es decir, que los alumnos a esta altura del año sepan lo
mismo que lo que hubieran sabido presencialmente (no toco la
socialización que da la escuela presencial porque el aislamiento
presupone que no la haya, hablo solo de los contenidos). A veces
saben un poco menos, a veces mucho menos, a veces nada y a veces se transforman en
cenáculos del saber, donde saben casi lo msmo pero son diez de un
curso de treinta. Si no fuera por los veinte que quedaron afuera
estaría bien. Pero yo no conozco todo, por ahí en algún lado
resulta, o para alguna materia aislada, pero en promedio estimo que
no, que la escuela que fue telescuela ahora es no-escuela.
Hasta acá es opinable, pero no da
para mucha pelea. Ahora viene lo bueno...
Mi postulado es que octubre no es lo
mismo que marzo y que lo que en marzo valía en octubre ya se puede
discutir un poco. Estoy hablando de las condiciones de trabajo de los
docentes. No del sueldo (del sueldo creo que ya escribí como diez artículos), sino de las condiciones de trabajo.
Para ser concreto, creo que es un
abuso que me hayan quitado mi lugar y horario de trabajo, que está
garantizado por ley (el estatuto y el reglamento por lo menos, de la
provincia que sea). Aclaro que conozco que hay decretos firmados en marzo
que suspenden las clases y que propugnan la educación virtual a distancia, a
título de continuidad pedagógica. La cuestión es que un decreto es
menos que una ley (que algún abogado me corrija si no es así, me
puedo equivocar), y no la puede modificar eternamente. De hecho
decretos como esos requieren consenso, y en marzo ese consenso
existía. En marzo, con pocos casos todavía, si bien no hubo ninguna
comunicación oficial, cada tanto salía alguna noticia en los
diarios en la que se aventuraba que las clases volvían después de
las vacaciones o poco más (la mayoría, me incluyo, pensábamos eso).
Bueno, no pasó así. Los casos
crecieron, la fecha se fue corriendo, los docentes empezamos a
percibir que la telescuela es un fracaso y que la situación se iba a
alargar. En síntesis, lo que está bien para tres meses, no lo está
para un año.
Entonces, como decía Lenin... ¿Qué
hacer?
Creo que dejar de trabajar no se
puede, si era una opción en marzo ahora es algo que sucede en el
universo paralelo que mencioné, acá ya no se puede. Pero tampoco es
exigible el teletrabajo y continuar así vulnera nuestros derechos, que también los
tenemos. Se han dado situaciones curiosas... directores exigiendo
constancias por no poder asistir a un meet, o enojados porque en un curso en vez
de hacer siete trabajos prácticos se hicieron cinco, alumnos
mandando trabajos o mensajes a las tres de la mañana, por decir
algunas.
Insisto, tengo el derecho a tener un
horario de trabajo y un lugar de trabajo, la no-escuela no me puede
perseguir hasta mi casa a las tres de la mañana, aunque sea en
nombre de los pibes. Todo tiene un límite. Cuando se dan conflictos
entre profesores, directores o inspectores, hay que entender que lo
que se les pide a los docentes no es exigible... por ahí uno para no
andar peleando siempre termina negociando y haciendo algo, pero uno
podría ponerse duro y exigir el acceso al lugar de trabajo, o
declarar no disponer de computadora, o no acordar con pagar internet
o datos para esto, o tener el derecho a la ART... derechos laborales,
que le dicen.
Es claro que estoy consciente que dada
la orientación política de los principales sindicatos, ninguno va a
salir a reclamar esto, pero eso no quita que me estén conculcando
mis derechos a través de un decreto...
¿Qué hacer? (decilo, decilo de una
vez).
Los intentos de vuelta de Acuña
fueron ambos una payasada. La escuela no es un cíber para pobres y
las plazas no son aulas. Eso no... clase por ahora no.
Y ahora, les pongo una imagen
relajante y tómense unos minutitos para putearme...
Los docentes tendríamos que volver a
las escuelas (por ahora sin chicos)...
Lo dije, y a mi mamá y a mi hermana
les debe picar la nuca, como si estuvieran acordándose de ellas.
Lo lamento. A estas alturas, en
octubre, es lo que pienso y creo. Aunque sea para hacer lo mismo que
venimos haciendo hasta ahora, la no-escuela, pero en el tiempo y
lugar que corresponde. Para que la escuela pierda ese no que le puse adelante y esté
abierta, para lo administrativo o para planificar el difícil 2021, y cuando se pueda, para dar clase...
Con todas las precauciones del caso, pero pienso que tenemos que
recuperar el derecho al lugar y horario de trabajo.
Salvo el personal de la salud
(aplausos), nadie se agarra el covid por ir a trabajar si toma los
cuidados necesarios. Sí los que festejan cumpleaños o hacen asados
o van a marchas de pelotudos.
Lo lamento, pero opino que deberíamos
volver...
Igual no se hagan mucho problema, es la
opinión de un solo tipo. Y dada la orientación política de los
sindicatos y el constante pasaje de facturas y chicanas entre gobierno
nacional, capital y provincia, no creo que volvamos hasta el año que
viene. Ya podría predecir que a Larreta no lo van a dejar reiniciar
las clases ni un día antes que a Kicillof.
Sí, señores, por si faltara algo, el
año que viene hay elecciones.
Dejen de acordarse de mi mamá.
Es todo.
PD1: es algo descolgado pero lo quería
decir... estoy de acuerdo con que CABA tenga que ceder
coparticipación... pero también estaría muy feliz si Mendoza y San
Luis formaran un nuevo país... y váyanse a la mierda ya que están
...
PD2: ministro Trotta con offshore...
renuncie!